Competición del I Ultrafortalezas de Cartagena 2015

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Hay carreras y carreras, y ésta indiscutiblemente es sin duda “LA CARRERA DEL ULTRA CARTAGENA”,. Vamos, de las que una vez las terminas, asientan cátedra en tu alma.

Este I Ultrafortalezas, no ha pasado que digamos desapercibido para el que lo hemos hecho, y es más, finalizado éste, ha dejado claro una cosa, nada más que el hecho de enfrentarte a ella, ya da muestras evidentes de lo que eres como deportista.

Han sido cuatro meses de intensivo y sacrificado trabajo (derivados a entrenamientos y específicos de carrera), lo que nos ha llevado a estar en esa línea de salida para afrontar estos más que titánicos 111 km con un desnivel en positivo de casi 4500m.

Cuatro meses, los cuales se han intensificado en la vida de uno de una manera, que solo se vivía y soñaba por dar inicio a tremenda gesta y más aún, terminarla.

De esta manera y junto a mi cerillica (mi mujer Alicia), dábamos inicio a preparar esta gran prueba.

Para mí,(modestamente), otra más dentro de mi calendario de Ultras, pero para ella, sin duda, sería toda una experiencia, porque haría frente a su primer Ultra y encima de todo en esta tierra que la vio nacer, y que se llama Cartagena.

Ya no días antes, sino (como anteriormente os exponía), meses atrás, comenzábamos a estructurar nuestras cabezas y mediante los planning oportunos de nuestro entrenador personal (Manu Calero), y el plan nutricional de nuestra Lorena, dosificábamos en materia y planificábamos una estructura de trabajo de 16 semanas, para llegar en estado óptimo a esa gran prueba. Fatiga, hambre y sed, la mínima nos decían, y asegurar al máximo.

Han sido días de no dormir, de un auténtico suplicio, para afrontar entrenamientos al borde del alba, y que estos estructurados, sin excusas ni pretextos se llevaran a efecto.

Sin duda, todo ese sacrificio y esfuerzo realizado durante todo este largo tiempo, viene sumado a que el día de la prueba, si por circunstancias las cosas no salían como se preveía, tuviéramos en depósito almacenado, grandes dosis de adreladina, para que sacado del baúl de los recuerdos y en ruta, siguiésemos corriendo, y allá donde nada más se vieran dificultades, ( que las hubieron), fueran estas banales y circunstanciales, para que no nos impidiera al final del camino, cruzar esa línea soñada y llamada META.

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En líneas más abajo y metidos en materia, os desgranaré con más detalle este apartado.

Lo mejor de toda esta maravillosa historia sabeis lo que es?, que justo en ese preciso momento, que das por hecho que quieres correr un ultra y das inicio a toda esta materia, piensas y crees que el día de la competicón no llegará nunca, y cuando menos te lo esperas, estas equipado y dispuesto a dar ese inicio desde esa plaza de Héroes de Cavite en Cartagena. Así de fácil y como os lo cuento.

Son semanas de sacrificio que vives para una sola causa. Semanas de trabajo emocional intenso, para saber llegado el momento, que estarás dispuesto para afrontarla, y mejor aún, acabarla, que es realmente lo importante.

Llegó el momento ( y como os decía), tanto mi cerillica como el que suscribe y equipados al completo, sobre las 22:30 horas de ese día más que soñado y llamado 18 de Abril del 2015, llegábamos a ese altiplano y plaza preciosa de mi Cartagena ,como es la de Los Héroes de Cavite. Recogida de dorsal oportuno, y revisión obligada por parte de la organización, de nuestras bolsas de hidratación las cuales llevaríamos en ruta.

Después de un exhaustivo control, se nos daba el visto bueno para poder acceder a ese corralillo de los elegidos y comenzar a sentir que la sangre nos hervía.

En dicho altiplano, y antes ya de adentrarnos en toda esa multitud de aborígenes corredores ultrafondistas, saludábamos personalmente a dos deportistas de los grandes ( y que se verían inmersos en dicho ultra), como era la figura de Samuel, y de su chica Lídia Gomez, del equipo LAND de carreras por montaña.
Como os decía, que mejor plaza que esa (por lo que su historia nos cuenta), para recargarse de las mejores energías y estas tenerlas almacenadas para luego usarlas en la carrera.
Como auténticos gladiadores de la época (éstos antes equipados con sus mejores espadas, redes y cascos), a día de hoy transformados todos ellos, los presentes, los habíamos cambiado por bastones, mochilas de hidratación, zapatillas técnicas y frontales.
Preparados al completo para la batalla, nos dispusimos a salir desde casi la misma puerta del Coliseum del Teatro Romano, para poco a poco, adentrarnos en materia e ir restando km a lo programado
Pronto comenzaríamos a divisar ya, a más protagonistas de esta gran batalla. Deportistas y amigos que enfundados en sus mejores galas, nos agrupábamos en esa Plaza del Ayuntamiento para poco a poco ir congregándose esos cas 300 espartanos.
Abrazos, risas entre los compañeros, fotografías y asiático de rigor ( junto a nuestro maestro Juande en el Pico Esquina de la Plaza de Jose María Artés), es lo que nos deparaba momentos antes de la gran prueba, para introducido ese elixir en nuestro cuerpo y desde ese preciso momento, no temer a nada ni a nadie.

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Al final y justo momentos antes de darse el pistoletazo de salida, nos anunciaban por megafonía la organización, que seríamos 276 valientes espartanos, los que daríamos inicio a este gran sueño de los 300 previos inscritos.
Son momentos,( estos de estar ya dentro del corralillo), los cuales vivo en primera persona y los disfruto al máximo. Cámara en mano, por supuesto.
Ese simple hecho de no conocer al compañero que tienes al lado. De no haberlo visto en tu vida, y que con una simple mirada entre ambos, nos demos por hecho que estamos preparados, (y mejor aún) que nos deseamos toda la suerte del mundo, hace que esos segundos sean sumamente mágicos, y no los cambie por el mejor oro del mundo. Y más, cuando tienes a tu lado a la mujer que amas, y ésta está inmersa en la misma batalla.

Lo que yo os diga, un auténtico privilegiado es como me siento de vivir, sentir y disfrutar en primera persona de toda esta maravillosa historia.
Desde ese preciso momento, a escuchar por megafonía 10-8-7-6, y así hasta llegar a ese ansiado dígito llamado 0, dábamos por iniciada la prueba. Ya estaba la maquinaria activada y mentalizada para afrontar esos 111 km.
Decir, que momentos antes y cuando llegábamos a la zona (una hora y media antes), ni por asomo nos podíamos imaginar lo que allí y en breve se cocería, para desearnos toda la suerte del mundo iniciada esa prueba y en todo ese entorno que concierne plaza de Héroes de Cavite y paseo Alfonso XII de Cartagena.
No solo en la plaza del Ayuntamiento de Cartagena y Héroes de Cavite, sino que sumado a todo el paseo de Alfonso XII y repleto de gente, éstos con sus vítores, gritos y ánimos, nos facilitaban y de que manera esos inicios de la Ruta. IMPRESIONANTE, y más aún MOTIVANTES estos comicios de prueba.
Como siempre decir y es lo que más me sorprende, que en estos inicios de prueba, sino entendieras de la materia, te creerías que estarías disputando una media (21 km).
Y digo una media maratón en concreto, por los ritmos impuestos de inicio. La gente a saco paco, y yo mirando mientras tanto mi GPS, y éste anunciándome que corríamos por debajo de 5.
Claro, predispuesto a competir esta prueba junto a mi cerillica, y teniendo claro, que ni por asomo iba a mediar en su ritmo y si intentar acompañarla, a lo que me sometí fue a seguir su estela, y de esta manera, encontrarnos a pie de esa montaña, para ascender a ese Castillo de San Julían de mi Cartagena.

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Este primer ascenso a ese Castillo y cumbre, iba a ser diferente a lo que habíamos entrenado durante meses atrás.
La organización, previa información oportuna (la tarde antes), nos anunciaban que habían habído alguna que otra rectificación en el circuito, (pero que en este caso me atrevería a decir,que nos favorecería), por no llegar a lo más alto del castillo por su cumbre más escarpada, y de esta manera ahorrar energías.
Vi claro llegado a la zona, que mi cerillica estaba mentalizada y mucho. Sacando en esos precisos momentos sus palos, ya comenzaba a trasluchar, momentos corriendo y momentos andando. Ahí la tenía delante de mía, y tirando de técnica de palos como toda una experta. Era la tercera vez que los usaba, pero dejaba claro por su técnica, que le había cogido el tranquillo.
Había que economizar y cuanto antes se hiciera mejor que mejor. Ya adentrados y metidos en su zona más técnica, llegábamos a ese cruce donde se derivaría al asfalto, y nos haría ascender a todo lo alto de su castillo, y (nunca mejor dicho), hasta su misma puerta.
Una vez en ella, sellako de rigor y vuelta hacia abajo, pero con una gran diferencia a otros años, que nada más comenzar a descender, nos harían introducirnos por una senda más que técnica, y desde allí y aproximadamente en un kilómetro y medio, coronar ese lugar tan sagrado, como era el monte de la Virgen del Calvario.
En la estrategia de carrera que habíamos planificado días antes, teníamos claro que si teníamos que arriesgar, este en concreto no sería el tramo.
Ni este, ni en la bajada del Calvario que nos llevaría y nos adentraría de nuevo a nuestra ciudad de Cartagena, donde si teníamos ganas de correr allí nos podríamos quitar el nervio.
Con mucha cabeza y mirando, (en todo momento muy concentrado, donde se ponía el pie antes de dar la siguiente zancada), solventábamos tanto esa senda como el descenso del Monte Calvario.

Decir que esa ensenada que une el Castillo de San Julian y el Calvario, al haberse desarrollado íntegramente de noche, es muy traicionera, donde hay tramos que si no llevas cuidado, de un momento a otro, puedes irte al suelo.Ehhhh y lisiado, que conste.
Ya de nuevo cogido su asfalto que nos haría divisar a lo lejos el cementerio de los Campanos, nos harían adentraarnos por un entramado que nos haría llegar hasta el altiplano de coger ascenso al Castillo de San Julián, y justo en ese momento que se giraría en curva de 180 grados y a izquierdas, torcer a mano derecha y por una pequeña senda para llegar a la rotonda de la Grua Sansom de Santa Lucía, por su carril bici, llegar hasta la rotonda del restaurante Varadero.
Tanto en su inicio dirección hacia la Cortina, como en su regreso hacia la rotonda de los Techos Bajos, de nuevo me saltaban recuerdos a mi subsconciente, de los entrenamientos más que exigentes y preparatorios para esta ruta, que habíamos llevado a cabo en esa más que larga y agónica recta. Los vídeos colgados en su momento, son testigo de lo que digo.

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Ya en ese parcial de ruta, más que concentrada iba mi cerillica, y el que suscribe sin dudarlo a su lado.
De este paso, me quedo con esos saludos previos nada más salir al asfalto y rotonda, de mi primako Miguel ,( que aún llevo clavado en mi alma ese OS QUIERO PRIMICOS), y los ánimos en carrera de nuestra princesa Rosell, junto a su príncipe Ruben a nuestro paso y ya cogido ese carril bici. GRACIAS FAMILIA.
Cogido ese entramado del carril bici que partía en dos la zona de la universidad y que nos hacía llegar hasta su altiplano por la zona de los Habaneros, llegábamos a esa parte donde de nuevo coronaríamos otra cumbre y en este caso llamada “Castillo de los Patos”.
Este punto exacto era el km 13.5 de Ultra, y desde allí y su mirador principal, nos harían descender para adentrarnos por puro y duro Teatro Romano.
En esta parte de ruta, decir que hubo un fallo por parte de la organización a lo que respecta en señalización.
Había un cruce el cual no estaba bien señalizado, lo que hizo que el que suscribe y aproximadamente unos 8 corredores más nos perdiéramos, corriendo en sentido contrario y por dentro de dicho teatro romano, al estipulado y original de carrera.
Gracias a gente que comenzaba a chillarnos y situarnos, pudimos encontrar de nuevo el sendero que nos haría desembocar en la misma cuesta de la baronesa. Uffffffffffffffffffffff , este momento.
Más bien diría yo, MOMENTAZO y del bueno, ya que en plena carrera tengo que decir que fue bestial. ( la lástima que me sorprendió y no me dio tiempo a sacar mi cámara.
Dicho momento el cual os cuento, ni más ni menos, me hizo trasladarme a las mejores etapas del Tour de Francia, y más aún cuando llegábamos a la esquina de Calle del Aire con Calle Cañon, y ver lo que allí se congregaba.
Justo en ese preciso lugar y esquina en concreto con dirección hacia Calle Cañón, la gente que allí se agolpaba, nada más que nos dejaba un carril de paso, donde cabía solamente un corredor solo.

Lo que había a diestro y siniestro, gente agolpada y gritándote casi a pié de oreja. Lo que yo os diga, BIJAIN DE MOMENTAZO Y DEL BUENO.

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Exactamente no os puedo decir cuanta gente se congregaba en ese lugar para animarnos. Lo que si os puedo decir es que el aliento de los allí presentes, se nos introducía y a raudales por el interior de nuestro organismo de tan cerca que los teníamos.
Que lástima que los 111 km en cuestión, no hubieran sido en su totalidad de esta manera, porque bien es sabido que esos gritos de ánimo, son la mejor fuente de energía y recuperador para el momento.
Salvada esa zona y ya justo en Calle Mayor de Cartagena, derivaría la ruta hasta su final y desde la misma puerta de Capitanía, adentrarnos por la calle honda y dar inicio de ascensión a un nueva cumbre, en este caso la del Castillo del Molinete.
Precioso lugar y más aún lo que desde su altiplano se observa y a plena noche. Cartagena más que preciosa.
Descendido desde sus alturas e introduciéndonos en unas escalinatas de vértigo, llegábamos hasta la calle Santa Florentina y desde allí por la Calle del Carmen, regresar a la soledad de la noche y coger dirección hacia la Batería de Fajardo.
Volvíamos a la realidad. Volviamos a encontrarnos con nuestra madre naturaleza y fuera ya de multitudes, gritos y gente.
Volvíamos a la esencia. Al momento de volver a conectar con tu yo interior y centrarte en la carrera.

Así, poco a poco y más que sorprendido de ver como iba mi cerillica en ese tramo, cruzábamos ese puente majestuoso que te hace (a mano izquierda), entrar en los Astilleros de bazán, y si sigues recto y por su asfalto,coger dirección hacia esa Batería llamada Fajardo..
Arriba del todo, en su altiplano y con toda la entrada al puerto de Cartagena delante nuestra, reponíamos de nuevo fuerzas, bebiendo de nuestra mochila de hidratación un poquito de agua y tricarb de piña.
La subida que nos tocaba afrontar y en breve, sería de esas que de nuevo te sitúan y de muy buenas maneras.Nada más y nada menos, que a todo lo alto del Castillo de Galeras, previo esa Bateria de Fajardo con una parte de tierra y otra de 2 km de asfalto.
Como recompensa, una vez se coronara ese Castillo, no esperaría lo que ansiaba desde hacía mucho rato y por mi parte, (ya que desde que habíamos salido desde el inicio de la prueba no nos encontrábamos ninguna zona de avituallamiento), y he decir, que este primer avituallamiento, me sorprendía y de que manera.
Claro tenía, seguir la pauta de mi nutricionista Lorena Lujan, y dar a mi cuerpo lo que realmente necesitaba, no solo en esos momentos, sino también, ser previsor de recargar reservas para llegado el momento tirar de ellas.

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Sobreesfuerzo ninguno, y seguridad máxima, es de lo que se trataba, y según me comentaba ella en entrevistas anteriores que habíamos mantenido.
Llegado a ese punto no me prive de nada. Lo que allí se exponía, de todo un poco para mi cuerpo y como premio a lo sufrido hasta ese momento, ingería para recargar energías, y de que manera mi organismo me lo agradecía.
Naranjas, (para aportar vitamina C extra), chocolate, ( para sumarle hierro a mi cuerpo), galletitas saladas, ( para esas pérdidas de sales), junto a trocitos de plátano(para aumentar magnesio a mi cuerpo), y agua junto a ese elixir divino y más que conocido (para afrontar la noche sin problemas), como era la cocacola.
Dada la vuelta por completo al Castillo de Galeras y comenzado su descenso por su asfalto, tengo que decir ( y muy a pesar mio), que para mí persona cambiaría por completo el sentido real de la prueba, ya que lo que a partir de ahí me encontraría, no serían cumbres, sino una sola roca llamada CALVARIO.
Mi cuádriceps izquierdo me hablaba por primera vez, como hacía tiempo no lo hacia. Y me hablaba con síntomas de dolor en una de mis piernas.
Inclusive, me pare un momento para tocarme en la zona, lo que derivo que mi cerillica (preocupada ésta), se detuviera también ella.
Al observarlo el que suscribe, que también se paro y podría perjudicarla en su carrera, le manifesté rotundamente lo que me salió de mi alma;
“NI SE TE OCURRA VOLVERTE A PARAR, PORQUE VEAS QUE YO LO HAGO. ESTO SON DOS PELICULAS CON GUIONES DIFERENTES, DONDE INICIADA LA PELÍCULA DE CADA ACTOR, TU DIRIGES TU GUIÓN Y YO INTENTARÉ SER UN ACTOR PRINCIPAL DE TU HISTORIA. NO VOY BIEN NENA, ASÍ QUE ,CORRE, CORRE Y CORRE Y POR MI NO TE PREOCUPES.
Pude reponerme psicológicamente, pude mitigar el dolor del momento, en lo que deriva al dolor muscula (previa ingestión de una pichica de gato por supuesto “iboprufeno”.

Pero ya sabía de antemano, que lo que me depararía desde ese preciso momento, hasta el final de la ruta no iba a ser nada bueno, y no me equivocaba.

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Repuesto como os decía, seguía en curso y al lado de ella. Dejándonos caer por toda esa vertiente hasta coger de nuevo sentido hacia el Monte de las Atalayas.
Esa parte, menos mal que la entrenábamos en específicos pasados, porque muy consecuentes tanto en su ascenso como descenso, le hacíamos frente y sin problemas.
En esta parte en concreto tengo que agradecer la presencia en la zona de mi compañero y hermano “CARRILLO”.
Momentos antes de empezar hacer frente al bosquecillo de las atalayas, mi cerillica se quedaba casi sin luz en su frontal y de lo que se trataba en esos momentos era de apurar en tiempo y llegado al km 34.5 (cuartel de infantería), aprovecharlo desde sus instalaciones y reponer pilas nuevas.
Agradecido te estoy mi hermano por haber sido el campo de visión de mi cerillica en todo ese descenso del Castillo de Galeras y por esa cresta descendente mas que exigente y peligrosa.
Con las fuerzas intactas, pero yo manteniendo molestias en mi cudriceps, llegábamos a esa rotonda de puerta de hierro que nos haría encauzar dirección Tentegorra, y en su punto kilométrico del 34.5, nos adentraba y de pleno, en todo el corazón del Cuartel General de Infanteria.

Momento el cual me vino a la memoria, los 101 km de ronda, porque a igualdad de condiciones, fueron las mismas sensaciones.

Las imágenes del vídeo que os muestro más abajo, hablarán por si solas.
Allí la consigna fue clara, y más aún cuando pudimos observar lo que se nos ofrecía como nuevo menú, añadido a un caldo.

Desde mi opinión todo perfecto, pero hubiera sido sublime y de agradecer, si ese caldo hubiera estado caliente.
Aún así, previsor a lo que nos aportaría por sus sales y como alimento diferente a geles y barritas de “Energy Fig”, me lo bebi acompañado de jamón serrano, queso y embutido.

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Seguíamos almacenando nutrientes y grasas para que cuando nuestro cuerpo careciera de alimento, poder tirar de reservas.
Una vez finalizada la ingesta del festin que allí se nos ofrecía, recargábamos nuestros bidones de agua y cambiábamos las pilas del frontal de mi Alicia, cogiendo sentido de nuevo en ruta y con dirección hasta la carretera principal de Canteras.
Desde este punto kilométrico exacto, ( aproximadamente el 38), hasta llegar al 50, es lo único de la ruta al completo que no conocíamos.
Sabíamos que ese tramo en lo concerniente al aspecto motivacional,iba a ser muy duro, al desarrollarse íntegramente n su totalidad de noche.

De lo que teníamos que preocuparnos en este caso y llegado a ese momento?, de solventarlo con seguridad ( y entre comillas cuanto antes), para llegar de nuevo a ese km 50, y volver a conectar con la ruta, porque desde allí hasta su fin, sabíamos lo que nos depararía.
Al contrario de como nos esperábamos ese tramo, decir que al final, no se nos hizo muy duro, pero si que algo pesado.

Más bien, fue algo exigente, porque era cuando empezábamos acusar el sueño, y más mi cerillica que veía realmente que se quedaba durmiendo corriendo. Ehhhhh, que aunque no os lo creáis, pasa. El sueño es el puto amo en todos los terrenos, y aquí en estos menesteres no iba a ser menos.

Nenaaaaaaaaaaa, le dije, vas bien hostias?, que te veo dando tumbos y estoy preocupado.
Creo que el chillido que le metí para que si espabilara y me escuchara ( ya que iba sintonizada y absorta en todo momento con su música), fue lo que la rescato y la hizo volver a la realidad, cuando mirándome a la cara y con los ojos como los de una “geisha”, fue rotunda al manifestarme (sin intención de tomárselo tan pronto), DAME ESE R8 QUE ME ESPABILE, porque se me cierran los ojos, conllevando con ello, la posibilidad que de un momento a otro, me vaya al suelo y compre un terrenico de los tuyos. Y a esto de comprar terrenos en la Inmoviliaria de la vida ( te recuerdo y tengo muy claro), que no quiero ganarte, ya que tanto tu como nuestro Mago Corcín, sois propietarios de casi todas las vertientes de nuestra Cartagena.
Ehhhhh, mano de santo, esa ingestión del referido R8 y que ya empezaba a despuntar el alba, hizo inclusive que se adelantara en ritmo y a mí me partiera las piernas.
Se daba comienzo aún nuevo día, y este no iba a ser (sin duda), como los de siempre. Este lo íbamos afrontar como más nos gusta, que no sería de otra forma que nada más que corriendo.
Antes de continuar y llegado a este punto de nuevo, debo decir, que todo lo concerniente desde el km 38 hasta al 50, se me hizo más pesado que correr el ultra entero de 70 km en el desierto de Tabernas en Almería.

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El trasluchar con tu mente en esos precisos momentos de ruta, y más aún, cuando no se va en perfecto estado, sabiendo todavía que es mucho lo que te queda, hace que nada más que te sirvas de tu haz de luz que te guía desde lo más alto de tu frontal y apuntando directamente hacia el suelo , evadirte del momento, y encontrar energías extras emocionales, para salir y cuanto antes de dicho trance.
Y es que tengo claro que este era el día de trabajar todos los conceptos sensoriales, y no solo los del ámbito muscular. A los de la cabeza les tendría que dar uso y mucho.
Si molestias ya me entraron en mi cuadricpes (como aquel que dice al inicio de la prueba), lo que ya termino de reventarme la cabeza fue, cuando más lo necesitaba, intentar utilizar mi MP-3 con mi música almacenada de mis sesiones de ciclo indor, hechas por mis maestros en materia musical como eran Bady Egea, Tomás Lucena y Nico Blanco, y darme cuenta y sentir, que éste no funcionaba.
Ya podía tener el “aparatico” de los cojones 300 botones, que pulsados cada uno unas 1.000 veces, éste no se ponía en marcha ni por su puta madre.
Como digo yoooooooooooooooooo, pa que tantos botones si con cuatro sobran (play, stop, palante y patrás)
Diosssssss que agobio.

Que momento (no solo ese, porque lo intenté poner en marcha en más de una ocasión), de ver que cuando más lo necesitas para desconectarme de mi mismo y poder no pensar en el dolor que se me acusaba en mi mùsculo, ver que una de las alternativas que tenías preparadas para si venía la ocasión utilizarla, esta se iba al garete, por no decir a la MIERDA.
Pense en positivo en ese momento y me dije para mis adentros;

“TRANQUILO RAMON, QUE TAMBIÉN DURANTE ESTOS CUATRO MESES DE PREPARACION NUNCA HABÍAS ENTRENADO CON PALOS TECNICOS (BASTONES), Y HOY TE LOS HAS TRAIDO, Y ESTOS TE HAN SALVADO.
Así que, para que veáis como por lo que uno lucha, piensa y decide hacer en carrera, llegado el día, se cambia como por arte de magia, y lo que valía no te vale, y lo que creías que no te ayudaría, te salva.
Lo que suponía que no me iba hacer falta en competición, me lo lleve al final y me salvo. Y lo que pensaba que llegado el momento , me iba a dar esa energía extra para no pensar, disfrutar y seguir hacia adelante, me fallo y tuve que seguir tirando de coco.
Y es que la cabeza a esas alturas y perfiles kilométricos es muy mala, criminal diría yo, porque es verdad que tu cuerpo se desdobla, y te sale ese otro yo, el cual te habla y decide por ti en ese preciso instante.

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Y no creas que esa decisión que toma tu subsconciente y te lo hace saber es la acertada no. El cuerpo, es muy sabio, y sometido a esos niveles, cuando llegas a esas condiciones siempre busca el camino más corto, el más fácil, y el más cómodo.
En este caso, el más cómodo no hace falta que lo detalle mucho, porque es corto, claro y conciso cuando a tu mente inesperadamente, llega esa frase que te dice al oido, retírate, retírate y no seas tonto, que no pasa nada por que lo hagas, y seguir así, es padecer un sufrimiento innecesario.
Menos mal, que ese subconsciente está partido en dos. Menos mal, que uno viene vestido de demonio y de color de rojo, y el otro viene vestido de angel y completamente de blanco.
Ahí es cuando te paras a escuchar esas dos voces internas, y cuando comienzas a discernir de la verdad del asunto.
A mí, en ese preciso momento que me vino a la cabeza el retirarme (porque por venir me vino y en más de una ocasión), salio a la palestra mi “bijain” más guerrero y me dijo;

“MIENTRAS NO SIENTAS QUE TU CUERPO SE SEPARA DE TUS PIERNAS RAMÓN, TU, SIGUE CORRIENDO”.

Y es lo que hice, con dolor incluido, pero segui corriendo y en lo único que pensaba era que despuntara el día. Y lo hizo llegado al km 56, y en lo alto de una cima,después de pasar esas duras vertientes de la serranía de Perín, incluido su acueducto.
He de decir, que justo a nuestro paso en dicho tramo y cuando ya apagaba mi frontal, me encontraba en la máxima cota de ese km 55 y que me haría comenzar a descender hasta llegar a cruce de la Ermita de Santiago donde sabía a la perfección lo que me esperaba por delante. 800 metros de asfalto, por la famosa subida de la “Chinteta”.
Lo que no contaba era, que corrido todo ese tramo, desde el km 56 hasta llegar al 60 e introducidos en plena rambla del Cañar, mi cuerpo me dijera basta, momentos antes de comenzar esa ascensión de 800 metros de asfalto (como os decía), por esa zona la cual en un entrenamiento anterior bautizamos como la de la “CHINCHETA”, junto a nuestro Gran Explorador Eugenio.
Ya lo pronostique y no hubo fallo. A esas alturas y kilómetros metidos en las patas ( y más por el ritmo impuesto), la chinchetika se clava. Ehhhhhhhh, pero hasta dentro y sin posibilidad de poder sacarla. Esta chincheta es especial, y llamada de ultrafondo.
Como os digo. Coronado ese vértice con vistas preciosas hacia esa pared blanquísima, la cual es llamada “Peñasblancas”, y yo bautice sus sendas de ascenso en su momento como “El Camino Primitivo” y la subida del Diacepán, descendimos por su asfalto, hasta entrar en tierra seca y piedras de la rambla del cañar, y ahí, en ese preciso instante Dº. Vástago interno del cuádriceps me dijo, hasta aquí hemos llegaó.

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No paré de golpe, sino que deje de correr y comencé andar y escuchar a mi cuerpo. Éste ( de igual forma que lo hacía en el Castillo de Galeras), pero me hablo muy claro, tan claro que lo entendí al instante. Me dijo, “ Nenico”, tu ves agua en la rambla?, a que no?, pues navegar no vas a navegar, y correr, lo vas hacer al ritmo que yo te diga. ¿Lo entiendes?. Joder que si lo entendí, a la primera.
En esos precisos momentos que comenzaba mi cuerpo y mente a navegar por esos mares llamados agonía y angustia, hacían acto de presencia en el mismo tramo,dos amigos mios llamados Ruben y Cañavate. Con ellos, momentos antes y en plena noche, habíamos coincidido en más de un kilometro de ruta.
De esta manera y a nuestras alturas, cuando los adelantábamos, Ruben, dirigiéndose hacia mi persona me dijo, “QUE BIEN OS VEO PAREJA. VAIS FUERTES Y MUY FRESCOS”.
Nada más pronunciar Rubén esas palabras, no tuve contención de aguantarme mucho más tiempo y hacerle saber que no era oro todo lo que relucía.
En este caso( les hacía saber que), mi persona ( y no la de la cerillica), era la que iba termendamente jodida, acusándoseme de un dolor barbaro ( y como ya sabéis), en uno de mis cuádriceps de mi pierna izquierda.Es más, fue pensado y hecho, sin género de duda al momento.
Tanto a Rubén como a Cañavate y posteriormente a otro compañero llamado, José Amorós, les dije al instante, ( ya que nuestra cerillica había cogido ella sola el ritmo y se había adelantado), que cuando llegaran a su altura, le pusieran en conocimiento, que yo no podía seguir con ella y que hiciera su carrera.
Asi fue, y así hicieron mis compañeros. Agradecido les estaré siempre, por haber velado por ella y a su paso, animarla y empujarla a conseguir llegar a esa línea de meta.

Os puedo asegurar una cosa. Cuando te das cuenta y sientes, que por todo lo que has luchado durante cuatro meses, cuando has invertido tantas horas de entrenamiento restándolas al sueño, para poder llegado el caso, competir como es debido, y que todas esas ilusiones puestas sean para poder afrontar la competición íntegramente al lado de la mujer que amas y junto a ella cruzar esa línea de meta, y estas todas se van a la mierda, es cuando te detienes en ruta y piensas ( merecerá la pena este sufrimiento extra). Merece la pena seguir ya sin fuste y no viendo otra motivación más que llegar al km 67,5 y decidir no seguir en este infierno.
Pero como os decía anteriormente y en líneas arriba, hay muchas alternativas las cuales poder usarse, y la que en este caso le vino al pelo a mi persona para sacarme del pozo y rescatarme, fue llegar hasta ese justo lugar y sagrado como era la Iglesia de la Zohía y desde allí (por entrenamientos anteriores), saber con exactitud lo que me quedaba hasta completar íntegramente el recorrido.
Eso sí, también deciros que desde el km 60, hasta el 70 con paso previo por ese avituallamiento, lo que se me paso por mi cabeza, fueron muchas cosas y que digamos, ninguna buena, que me hiciera presagiar que acabaría este Ultra.

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En ese tramo debo nombrar de nuevo a personas las cuales me fueron de mucha ayuda, de nuevo hacían aparición, mi compañero Cañavate y su gran escudero Rubén, junto con un grupo de corredores encabezado por mi amigo Michel.
Otra grata sorpresa y necesaria para imprimir a mi persona esa energía extra para seguir corriendo, fue la aparición como por arte de magia de mi amigo Juan Carlos Valenzuela, el cual con sus ánimos y entrega, hizo que mitigara dolor en mis piernas y me olvidara por un momento que estaba lesionado.
Antes de llegar a ese punto de encontrarme con Valenzuela, lo bueno fue llegar a ese km 67 de ruta y encontrarme ese pedazo de avituallamiento el cual me repondría de fuerzas enseguida.
Sin pensarlo y a la vez que me reponían los botes con agua, mi persona buscaba por encima de la mesa lo que allí se servía, de alimentos que a sabiendas por las instrucciones previas de mi nutricionista, que ingeridas estas, me seguirían aportando esos nutrientes óptimos para transformarlos en energía, y seguir corriendo ese último tramo de la ruta,sin sentir ningún tipo de calambres.
Así fue, y de esa manera, mi boca se llenaba de auténticas delicias culinarias como era Jamón Serrano, queso, galletitas saladas, onzas de chocolate, naranjas, platanos, y así un sinfín de nutrientes como os decía, que más que avituallamientos, parecían mesas de boda.
Repuestos en materia y junto a mi Valenzuela y dirección hacia la Iglesia de la Zohía, la cual ya se divisaba, por mi ritmo impuesto, Valenzuela determino aumentar el suyo y continuar con su propia ruta.
Mi persona, poco a poco y muy consecuente, seguía restando kilómetros a la ruta, para llegar a ese preciso instante de encontrarme con mi hermanico Carrillo, el cual me ponía en conocimiento en ese preciso instante, que hacía aproximadamente 20 minutos antes de mi paso por esa zona, había visto pasar a la cerillica más fresca que una rosa y más encendida que nunca.
Eso determino dos nuevas circunstancias en positivo para mi persona, una la de saber que me quedaba tranquilo al saber que la chiquilla había crecido a pasos agigantados en esto del ultra, y que sabría defenderse a capa y espada sin mi ayuda, y la otra, que por completo y desde ese punto en concreto, la prueba en cuestión y a la que hacíamos frente, para mi persona comenzaba de nuevo.
El llegar justo al km 70, me hizo formatear por completo mi disco duro. La única información que se me quedo en mi CPU fue la de saber que no podía arriesgar en ritmo y que solo me tenía que disponer a disgregar todo el recorrido que me faltaba por hacer, afrontarlo poco a poco, vertice a vértice y sin ánimos de englobar por completo en mi cabeza toda esa pedazo de maratón de montaña que me quedaba para cruzar esa línea de meta.
Como os digo, y aquí sin duda lo que me salvo fue el haber hecho ese entreno tres semanas antes que englobaba del km 70 hasta el 92 llegando a ese Kampo Base de Garabitos.
Poco a poco y con mucha cabeza como os decía emprendimos dirección hacia ese primer punto a coronar como fue el “La Torre de Santa Elena”.

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Antes de encauzar su calle principal de asfalto y que desembocaría en todo su altiplano, otra circunstancia que se dio que para mí y en super positivo fue, encontrarme en el mismo cruce donde se divisaban a otros corredores, con mi Andrés Moliner, el cual a su paso me hizo saber, que en breve podría alcanzarlo y que daba por hecho que si se daba ese caso, la competición para ambos, cobraría otro sentido.
Asi, poco a poco y de esta forma, llegábamos a todo lo alto de esa torre tan preciosa y bonita, como era el de Santa Elena, añadiendo a su vez unas vistas impresionante hacia la Bahía de la Azohia con su almadraba incluida y barcos faenando.
Vuelta completa a ese emblemática Torre y por una de sus vertientes un poquito escarpada, ensamblábamos por el mismo camino por el cual habíamos ascendido, para en este caso dejarnos caer y llegar a ese km 72 que daba inicio a esa subida de los “Kucones”. Volvíamos a la parte técnica y más dura de la prueba. De ahí en adelante, lo que nos tocaría afrontar, sería una auténtica Maratón de Montaña.
Punto crucial este el que os comento, ya que sabía de antemano que delante miaí, se presentaba una subida de más de un kilómetro y medio.
Pero lo que en llaneo y asfalto eran problemas para mis piernas y en especial para mi cuádriceps, en este lugar y punto en concreto y sobre el terreno que se desarrollaba, mis músculos me lo agradecían.
Se trataba de andar con paso firme y utilizando los bastones (que por cierto, menos mal que me los traje porque sino si que todo esto se hubiera convertido en un infierno).
Pues despacio pero muy seguro, fuimos ascendiendo en dirección hacia ese punto que se conoce como el “Mirador de la Panadera”.
Ese tramo, debo decir que esto del ultra te regala momentos inolvidables, y en plena ascensión coincidi con otro corredor, pero en este caso ( y sin conocerlo antes), de los grandes.Nada más y nada menos que con “Buendi”.
Sin palabras y maravilloso tramo el cual comparti a su lado con esa pequeña cumbre hecha entre ambos cuando nos paramos en la “Panadera” y nos felicitamos.
Chino chano, ya la siguiente opción era llegar a ese arco el cual una vez lo pasabas divisabas en todo lo alto, las antenas de Cabo Tiñoso.
Durante todo ese largo tramo llevaba delante de mí a mi compañero Buendi, el cual hizo un atisbo de esperarme, pero yo fuí rotundo, hermano, sigue tu a tu ritmo le dije, que yo en este caso, por lo único que me tengo que preocupar es por ponerle final a esta mi película. Sigue tu con tu guión y pacto, ya que no te quiero perjudicar y peor aún sacarte de ritmo para que lo acusen tus piernas y se convierta lo que pueda ser maravilloso en un suplicio.
Asi que de nuevo tuve que observar como otro de los grandes a pasos agigantados se alejaba dirección hacia la Batería del Atalayón, yo en mi caso como os decía, seguía a mi ritmo y disfrutando del paisaje.Que por cierto debo decir, que ese día se presento precioso.
Después de salvar ese punto estratégico como era el mirador de la panadera y adentrarnos por parte del GR, saltábamos al asfalto para no haber recorrido ni 50 metros, e introducirnos de nuevo por un vértice que ya en si, nos llevaría hasta la misma base de la Batería de Castillitos.
En este tramo en concreto (aproximadamente el km 78 de ruta), sabía que me enfrentaba a una encrucijada de 10 km sin salir de la zona y con bastantes cambios de ritmo, subidas, bajadas y castillos.
Como os decía, menos mal que días atrás reconocía la zona junto a mi gran explorador Eugenio y desde el mismo momento de entrada en su zona, mentalizado a tope, aproximadamente a las dos horas, salíamos de ese laberinto hecho, con una nueva victoria,la de saber que a esa más que titánica fortaleza llamada Castillitos, le habíamos vencido,no sin antes haber sentido en nuestras piernas, esa bajada más que agónica ( y de aproximadamente 3 km) ,hasta llegar casi al altiplano del Faro de Cabo Tiñoso, y añadir también (porque no podemos olvidarnos) de esa subida de ascenso (por la pequeña senda del caracol de la mini yeti), pasando por lo que ya hemos bautizado como “El tunel del tren de la bruja”, el cual una vez lo cruzabas y salias de él, de nuevo regresabas a la vida, con unas vistas delante de ti impresionantes.

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Costa escarpada pura y dura. Litoral mediterráneo en estado puro. Calas de ensueño e infinitas que te daban vida, y al final, volvías a la realidad, al observar en el infinito, toda una gran silueta de ascenso al Monte de Garabitos.
Aún así, con ese marco incomparable de ver la silueta de esa gran montaña con sus casi sus 600 metros de desnivel en positivo, y en mi caso, yo seguía a lo mío, y me centraba en esos precisos momentos en saber lo que en breve teníamos que hacerle frente.

En este caso, a la más que temible y exigente, bajada a la playa de Cala Salitrona.
1 km solamente de bajada. Mil metros de auténtica locura por pura rambla escarpada, lo cual y sumado a la carga kilométrica que llevábamos en las patas, nos hacía presagiar, que llegado el momento y dado un mal paso, todo lo conseguido, se podía ir al garete. Y esa, estaba clara, que no era la cuestión, sino la de seguir sobre seguro, y ante todo, sobre lo planificado.
Super mentalizados, entrábamos en ese (aproximado km 86), el cual y por unas vertientes de su rambla vertical, pura y dura, nos haría adentrarnos por sus senderos, y a un último salto, dejándonos caer, sobre una base de control, donde personas nos anotaban nuestro dorsal para tenerlo en cuenta.
Ahí, tengo que decir que significativamente, se me habría la posibilidad de seguir compitiendo de otra manera. En este caso, junto a una persona que me encontraba en ese mismo altiplano y que para mí era todo un maestro.
Ni más ni menos, que en esos precisos momentos de ruta, coincidía con mi gran amigo y hermano, Andrés Moliner, el cual y preguntado como se encontraba a falta de completar esos últimos 21 km de ultra, sin titubear mucho me dijo sin dudarlo, “ Hermano, voy roto y con mi caballo”.
Ante tal afirmación, nada más que me quedo que añadir ( y muy agradecido), que ya éramos dos, los que en este caso no íbamos como lo esperado, asi que muflón (le dije en esos momentos), como yo digo, chino chano, y con tu pasico de la abuela, juntikos vamos a llegar a esa línea de meta, y con la bandera de España en la mano, la cruzaremos sin dudarlo.
Como os digo, el planteamiento (más psicológico que físico), para mí, cambió radicalmente. Lo que hasta ese momento había sido un suplicio para mi cabeza, ya dejaba de ser un problema y daba paso a la alegría.
Poco a poco, despacito y con buena pisada, fuimos introduciéndonos por esa senda más que preciosa (por las vistas que la rodean), para ascender hasta lo más alto por la sierra del Cantalar dirección hacia Boletes.
Una vez saltado a su asfalto, apenas transcurridos 500 metros, nos introducíamos por un vértice, el cual y a lo lejos ya te dejaba ver hacia donde nos dirigíamos, nada más y nada menos que al Kampo Base de la Montaña de Garabitos.

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Pedazo de alicatado del 15, que se nos presentaba delante nuestra, anunciándose en un cartel, el km 92.5 de ruta.
Sabíamos que a esas alturas, los ritmos desaparecían y a lo que se daba paso sin duda, eran a pisadas seguras con paso muy firme, y a reponer líquidos en esa maravillosa zona de avituallamiento.
Aún así, mi hermanico Andrés, para tranquilizarme ,mi situó en el momento diciéndome; “ HERMANO, NO TE PREOCUPES QUE EN EL DÍA DE HOY, UNO GANARÁ EL ULTRA, PERO NOSOTROS VAMOS A BATIR UN NUEVO RECORD”.

Un record hermano, le dije yo?, y me contestó, sí, Hoy vamos a batir un record en ascensión directa hacia lo más alto de Garabitos, pero en este caso, dicha ascensión lo más lenta posible.

Por poco entramos en el libro Guines de Cartagena, de hecho pensábamos que realmente habíamos logrado ese record, cuando en todo lo más alto de Garabitos, habíamos visto que éste lo habíamos coronado en casi 35 minutos, sus 2 km.
Y digo que casi coseguimos ese record, porque llegado el momento y puesto en conocimiento a nuestro compañero y más que titánico Toni Andrades, éste nos anunciaba, que dicho record, se lo llevaba él pero de calle.
Que si nosotros habíamos tardado casi 35 minutos, él lo había hecho en 50. Diossssssss, que bajón nos dio a mí y a mi Andrés, de pensar que podríamos haber hecho historia en este Ultra, pero de otra manera. Ja ja ja ja
De dicho vértice, de dicha subida, una vez coronada esta, sacaba dos conclusiones. Una que a partir de ahora Garabitos para mí se pasaría a llamar el “Purgatorio”, (porque os puedo decir que os redime de todos vuestros pecados, durante todo ese tramo más que agónico para ver y sentir lo que parece ser que el camino vuelve a ser llano), y otra, que hasta inclusive aprendimos a bailar en plena ruta con pasos de danza de un lado para otro.
Que buen rato, y a la vez, que mal momento pasábamos paso a paso, pero dicha agonía pronto paso y nos encontrábamos otra de esas grandes sorpresas que te rescataban y de que manera.
En todo lo alto de Garabitos y pasada su vertiente donde figura su punto geodésico de piedras, hacían como por arte de magia, acto de presencia nuestro “Spiderman” Inglés y su princesa “Dinamita” Lidia.
La verdad que se agradeció y mucho ese tramo compartido a pesar de que íbamos super jodidos. Durante aproximadamente unos 500 metros nos acompañaron y a la vez nos iban informando como iba el resto de la carrera.

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De nuevo me tranquilizaba ( y era lo que más me importaba en esos momentos), el saber que mi cerillica seguía encendiá, y directa hacia la meta.
Por lo demás, como os decía, hasta justo llegar a ese punto de acumulación de piedras en todo lo alto, y aparcadas sus bicicletas, nuestro Ingles y su princesa, montados en ellas y a nuestro paso, se despedían.
De nuevo, mi maestro y yo, volvíamos a quedarnos solos ante el peligro, ahora, eso sí, con un precioso descenso hasta llegar al Collado de la Muela.
Que esa es otra. Después de llevar lo que llevábamos, ponte a descender y de repente a ascender hasta coronar otra ladera, que nos llevaría justo al cruce que determinaría saber que nos quedaban unos 5 km para llegar a Galifa, y ver en nuestros gps los tres dígitos haciendo mención al km 100 de ruta.

Ese km 100 , debo de decir que se celebró de una manera muy especial y junto a una gente maravillosa.

Estos ángeles como caídos del cielo, cuando se percataron de nuestra presencia, y en esa más que exigente subida en plena sierra, empezaron animarnos para que ascendieramos lo antes posible a todo lo alto de esa ladera.

Me quedo con ese momento el cual todos en corro, vitoreábamos un; “oooeeee, ooeeee, oeeeee, oeeeeee, conseguido ese km 100”.
Pasado ese momento más que felíz, y mentalizados de nuevo en ruta,no fue el 100 en este caso, sino el 102 el que determinó, que llegáramos a esa más que conocida y preciosa villa de Galifa, no sin antes, paso a paso y con mucho cuidado, solventar, todas esas bajadas y trialeras para no caernos en uso y no ver cumpllido nuestro sueño.
En todo ese tramo, fue con mucha gente la que nos cruzábamos y que ellos en este caso, iban enflechados y hacia abajo, observándose a lo lejos, lo que principalmente nos motivaba, ver ese Castillo del Roldan, el cual una vez coronado, nos daba muestras evidentes que teníamos cerca la meta.
Llegados a ese polideportivo, (mas que conocido por batallas pasadas de la Cartagena Trail), de la localidad de Galifas, lo que allí nos esperaba era otro de esos restaurantes de bandera.
Jamón Serrano, Salchichón y queso, naranjas y plantano, acompañado de chocolate y cocacola. Es lo que comi sin miendo para afrontar esos últimos 11 km.
No podía dejar ningún cabo suelto a esas alturas, porque sabido es, que ya no es que se fuera a la deriva la embarcación, sino que encallara, y nos fuéramos directamente a pique.

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Desde este punto kilométrico, decir que de nuevo se nos abría una nueva vía. Momentos antes de llegar a dicha localidad, coincidíamos con otro compañero (no conocido) y ultrafondista, que presentaba a igualdad de condiciones, los mismos síntomas de ir destrozado.
En plena batalla culinaria y mirándonos a los ojos, dicho compañero nos exclamo lo siguiente, “ ME PUEDO IR CON VOSOTROS, ME GUSTA EL ROLLO QUE LLEVAIS, Y SINO ES ASÍ, ME QUEDO AQUÍ Y ME RETIRO”.
Nos podría haber dicho mil cosas, mil frases concernientes a lo reventado que estaba, pero fue escuchar lo de me RETIRO, y al únisono los dos le dijimos “QUE, QUÉ DICE”, que se terminara ese bocado el cual estaba dando, y con sus artes en materia, se pusiera delante nuestra y nos marcara él el paso.
Asi fue y no termino aquí la historia. No habían pasado apenas 300 metros cuando sentado y con las manos en la cabeza, nos encontrábamos a otro compañero al cual nos dirigimos diciéndole si necesitaba alguna cosa.
Éste en concreto fue tajante y nos dijo, “NO PUEDO MÁS, QUI ME QUEDO”.
Mirándolo a la cara y con esa mirada que sin conocerte te da plena confianza, le dijimos que se levantara y que nos acompañara, ya que nuestra intención desde hacia mucho rato, era terminar la ruta cruzando esa línea de meta.
Solo nos dio que se venía con una sola condición, que le prometiéramos que no íbamos a correr ni trotar porque no podía articular zancada.
Tranquilo (Santos se llama), tranquilo compañero que te damos nuestra palabra que como nos ves, y más sabiendo todavía lo que nos queda, vamos a ir, con mucha paz y bastante armonía.
Casí ná lo que nos quedaba aún, que hubo un pequeño atisbo de situarlos, y el primer compañero que rescatábamos del abismo emocional (se llama Jesus), éste nos dijo que se nos ocurria informarle al respecto de lo que tenía que hacer frente, que mejor nos calláramos ya que a él concretamente no le interesaba.
Con mucha cabeza y pensando en lo poquito que nos quedaba, nos introducíamos en esa más que caprichosa y destartalada rambla del portus, que nos desembocaría hasta su puentecito, y desde éste, llegar al altiplano de lo que sería una nueva subida hacia el GR por el que más que conocido camino de las Carihuelas.

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Llegado a ese punto, no quedaba nada y a la vez quedaba mucho. Lo que teníamos delante y justo en el km 105 de ruta, era una vertiente de aproximadamente 1.500 metros de distancia hasta llegar a ese lugar tan emblemático como era el altiplano del Puntal del Moco para encauzar todo el GR y llegar al tan ansiado y necesitado Mirador del Roldan.
Tocaba agrupar energías y focalizarlas estas, en un único sentido y una única dirección.
En ese preciso momento, tiraba de recursos psicológicos los cuales sabían que me iban a venir de perlas, estando justo donde me encontraba.
Ese recurso del cual os hablo y en concreto fue, intentar no pensar como me encontraba, (porque os puedo afirmar mi gente, que ahí, justo en ese preciso momento, jodido no es que estaba), sino que estaba SUMAMENTE jodido, multiplicado por infinito y elevado a la máxima potencia.
Pero como os digo, desconecte mi mente del momento el cual vivia en primera persona, y me teletransporte a esos entrenamientos los cuales ( y por la misma zona), hacia meses atras y preparatorios para este Ultra, y me volvían las buenas sensaciones a mi cabeza y piernas. Es más, busque un momento plácido, de los buenos y de los que dentro de los entrenamientos exigentes, nunca te olvidas y te oxigena la mente.
Fue justo en ese momento, cuando en ese vértice más que escarpado desde sus inicios, dibuje a lo lejos la silueta de mi gran amigo Gabino, el cual puesto de mallas piratas mizuno y cortavientos de color verde de Izas, a nuestro paso me saludaba y me decía a su vez, “Ufff, no veas a que ritmo subes”.
De esa manera, lo que previamente se veía como negro, dejaba de ser negro y se abría en colores vivos, sumado a que a su vez, volvía a la realidad del ultra y me daba cuenta a, que no estaba solo, sino que a la vez, me acompañaban tres super titanes de órdago, los cuales me hicieron disfrutar y mucho.
Toco en todo lo alto del colllado del Puntal del Moco, una parada técnica del grupo, para sacar de inmedianto todos nuestros cortavientos.
Estaba claro ,que ascender a todo lo alto del Castillo del Roldan, no sería una tarea fácil, (porque eso ya lo preveíamos y se veían las condiciones climatológicas a lo lejos y que se nos presentaban.
Lo que hasta ese mismo momento había sido una climatología de órdago, con zonas de tener hasta un calor sofocante, en ese altiplano, se pasaba a lo antagónico, a lo inhumano al mostrarse ante nosotros, nuestra madre naturaleza como solo ella lo sabe, con, frio y viento muy fuerte.

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Después de lo acumulado y a sabiendas de lo que nos quedaba, no nos íbamos arriesgar a resfriarnos, y más yo, que ya en su momento, ( y misma zona), en entrenamientos anteriores, la que cogi fue muy buena,( teniéndome que hasta trasladar a urgencias y pincharme un urbasón, para que se me paliaran las toses y mocos que tenían en mi pecho. Pedazo de trancazo que aguanto mi cuerpo, justo un mes antes de dar inicio a esta locura kilométrica.
Dicen que se aprende a base de palos no?, en montaña,yo no lo veo así y es más, añado que no es que se aprenda en montaña a base de palos, sino caminando.
Y caminando íbamos, pero ya en esta ocasión con nuestro cortavientos puestos, calentitos y con una única dirección, no siendo esta la del infinito, y si la de la línea de meta.
Donde nos encontrábamos no iba a ser una senda complicada de desarrollar y vencer en materia. En este caso, lo que nos íbamos a encontrar era un auténtico tobogan trialero ( de aproximadamente longitud 1,7 km), con un par de crestas no muy exigentes, pero si, sobre un terreno, galopante, desbocado y muy dinámico.
En este tramo hubo un paso, un falso llano, que pisado este nada más salir del collado del puntal del moco y a derechas, siempre me viene a la memoria mi hermanico “Paco Maya”, porque en una competición pasada, tuvo una caida tremenda en ese punto el cual me encontraba, y como un auténtico titán, lisiado y sangrando por una de sus rodillas, la dio por finalizada.
Mi hermanico “PACO”, éste que digamos, es otro de esos titanes al cual admiro y quiero mucho, teniéndolo siempre presente en todas mis competiciones y entrenamientos, ya que el pañuelo o cinta que porto en la cabeza, es gracias a su persona. Camina yo a cuatro patas por el altiplano del roldan, hace muchos años, y ya lo veía yo aparecer volando con su pañuelo en la cabeza y hecho un auténtico maquína. A él fue al primero que se lo vi puesto.
Este momento me hizo trasladarme a otro punto kilométrico del Ultra, y donde me cruzaba con mi pakico, (concretamente cuando abandonaba yo, y él entraba, a la batería de Castillitos), que hizo que reviviera ese momento y con nuestro abrazo previo, desearnos suerte, y de esta manera, recargarme de esa fuente de amistad y energia, para finalizar lo que me quedaba de ruta. Dando por supuesto también,que tarde o temprano, lo vería a él, cruzar esa línea de meta.
Y desde estas líneas y este momento, deciros quiero que fue así, y de nuevo nos estrechamos en tremendo abrazo. Gracias mi hermano por transmitirme tanto.
Siguiendo en la zona y ya sabiendo que nos quedaba muy poco para terminar con tremenda gesta, dos nuevos caminos y muy buenos se abrían ante nuestros ojos.
Uno fue el encontrarnos momentos antes de dar la última curva y divisar el alto del Mirador del Roldan, a nuestro hermano “Periko”, el cual con cámara en mano, inmortalizaba el momento con unas fotos. Volvíamos a las risas, a esas batallas pasadas y que daban sentido a lo último que nos quedaba como ultra, llegar al Mirador, y desde allí, despegar, ahora sí, hasta lo más alto de su Castillo.

16

Decir, que justo cuando dábamos la última curva y divisábamos el vértice de subida hasta lo más alto del Castillo del Roldan, como se encontraba éste, era alucinante.
Lo habíamos previsto, pero era inimaginable que fuera de esa manera, y más aún cuando se percataron de nuestra presencia, el resto de corredores que hacían frente a los 53 km.
Los allí asistentes y llegado justo al Mirador del Roldan, comenzaron a chillar en júbilo, gritando a su vez para que lo escucharan el resto de gente, “dejar paso, que vienen los del ultra”.
Delante nuestra, toda una serpiente de colores vestidos por personas, que como os decía a nuestro paso y en dirección ascendente, nos animaban, nos chillaban, vitoreaban y hasta nos invitaban a si llegado el caso lo necesitábamos, a empujarnos para no desfallecer en el intento y llegar a todo lo alto de esa tan más que titánica subida y ansiada última cima.
Llegamos y de que manera como os decía. Llegamos a coronar ese peñasco, con alguna que otra sorpresa, en este caso la de encontrarnos en pleno ascenso a nuestro amigo y pedazo de cámara Super Pablo. Gracias compañero, por esos ánimos, los cuales me sirvieron de mucho.
También decir, que momentos antes de llegar a ese altiplano donde nos harían introducirnos por una zona nueva, coincidi con una princesa (Maria Jose), que me facilito y de muy buena forma, esos últimos 15 metros más duros, hasta llegar a los escalones.
A Santos y nuestro compañero Jesus, previo al inicio del ascenso por toda esa cresta, veíamos que se nos habían adelantado, e iban muy por encima nuestra, lo que comporto en el momento, que creyéramos, que coronado ese Castillo, ellos ya habrían determinado dejarse caer hasta llegar a la meta para terminar con tanto calvario cuanto antes.
Mientras tanto, y disfrutando del momento ( que ya nos tocaba), ,tanto mi Muflón como el que suscribe, cubríamos una zona, la cual ya era conocida por nosotros, pero que resultaba como nueva en este primer Ultra.
Esa zona como os decía, era compartida junto con la totalidad de corredores de ambas pruebas, en la cual nos hacía introducirnos por auténticos laberintos y tremendas escalinatas.
Pasadas estas, llegábamos a esa zona tan ansiada por mi persona que me haría recargar líquido en materia.

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Nos encontrábamos justos a 6 km de llegar a esa línea de meta. 6.000 metros los cuales se divergían en tres aproximadamente de zigzag y monte, y los últimos tres, disfrutando a tope, pasando por delante del Kiosco de Miguel e introduciéndote por dentro del cuartel de Infantería.
Si la subida previa, que habíamos tenido, hasta llegar a todo lo alto del Castillo del Roldan, fue buena en lo concerniente a sensaciones y emociones transmitidas por los allí asistentes y que nos cruzábamos corriendo, no os quiero decir el último descenso, y por esas sendas más que más que alucintantes como son la del más que conocido por nosotros “zigzag”.
Cuando nos venimos a dar cuenta en esa bajada, lo que eran en su inicio 6 km de distancia, se habían convertido en 5, de ahí pasábamos a 4 y en ese famoso altiplano donde se cruzan todos los caminos y vertientes, saltar a una pista super rápida, dejarnos caer y saber que justo nos quedaban 3 km.
Se olía ya a meta. Se olía a victoria personal, y lo que más me dolía y me venía a mi cabeza era no poder llevar a mi lado a mi cerillica.
No había podido ser por las circunstnacias que sabéis y que se me daban casi al inicio de la prueba, pero Dios, determinaba, que ésta la acabara de otra forma, y porque no decirlo), también muy buena.
De repente como por arte de magia, escuchábamos detrás nuestra a alguien que nos decía “Ehhhh vosotros, es que no esperáis a nadie”.
Hostiasssss, eran de nuevo nuestros compañeros de fatiga desde ese km 102 tan señalado, Santos y )de Lorca y las Torres de Cotilla respectivamente), los que hacían aparición sobre el camino, y nos acompañarían hasta justo entrar en esa línea de meta.
Todo ese último tramo el cual nos quedaba por afrontar fue de una auténtica locura emocional. De una auténtica fiesta para mis sentidos y vista, al observar y sentir lo que en breve se nos venía encima. Eso, y sumado a que eran muchos los que a nuestro paso y conocidos nos cruzábamos, como fue ese justo momento cuando vi a mi “Chikitín” y mirándonos a la cara le dije “NO ME DIGAS QUE VAS CANSADO DAVID”, y más le hubiera añadido al respecto; NO ME DIGAS QUE VAS CANSADO MI HERMANO, QUE YO VOY MUERTO.
Este momento, es otro de esos que me guardo en mi alma en este Ultra.
Ese momento el cual, como os decía y aparentemente abatidos ambos en agonía, lo entendimos todo, y sin mediar más palabras, seguimos corriendo cada cual a su manera y forma, con sus tiempos correspondientes, para entrar y celebrar en esa línea de meta, nuestra victoria. David mi hermano, desde ese mismo momento que nos cruzábamos y nos mirábamos a la cara, supe que sufrirías lo insufrible ( a igual forma mi persona), para llegar a la meta.
Pero sabía con total seguridad que lo conseguirías, sabía que no te rendirías a la primera de cambios y más en esa zona, y seguirías a pesar de tener reventada tu rodilla.
Lo conseguiste y de cuanto me alegro compañero. Una vez más, yante tu gesta, has demostrado de que tipo de metal estas hecho, y ante estos hechos que nos acontecen, nada más que me cabe a pulmón abierto que FELICITARTE. ENHORABUENA.

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Después de este momento,el camino nos derivaría hasta llegar a esa ensenada, que nos abriría campo en esa zona donde hemos llevado 1000 entrenamientos preparatorios para este Ultra. Los Canales del Taibilla de Tentegorra.
Ufff, cuantas mañanas, cuantos medios días y cuantos atardeceres y amaneceres desde ese altiplano han comenzado mis entrenamientos.
Cuanto dolor y cuanta tanta fatiga se agrupaba en mi cuerpo al observar esa recta que deparaba en ese arco y nos daba previa vista a nuestro Cuartel General del Kiosco de Miguel.
Era mucho lo que llevábamos en las patas. Mucho lo que habían sufrido nuestras articulaciones, mucho lo que nuestro corazón aguantaba y más nuestra cabeza sufria.
Pero no había términos para un alto en el camino. No había rendición posible llegado a ese punto kilométrico. Ese 108 se me clavaba en los pulmones, pero por mis cojones sabia que no me vencia.
Intente no pensar en el momento, intente evadirme de tanta angustia, intente seguir metido en este Ultra, hasta cruzar ese arco divino.
Asi lo hice, con más de 350 metros que puede medir en su totalidad esa recta, para darme cuenta donde me encontraba. Ni más ni menos, que en el Kiosco de Miguel. Mi segunda patria. Mi segunda casa la cual me ha salvado en multitud de ocasiones y entrenamientos de no morir en el intento e hidratarme en sus instalaciones. Pero no con agua ni con coca cola, sino con zumo de cebada y bien fría.
Eso no se me puede olvidar en la vida. Eso en esos momentos fue lo que me rescató del naufragio. Ver a mi compañero Cristian, los gritos de los allí existentes, atisbar a lo lejos esa explanada, y saber que dábamos paso al último kilometro.
Allí de nuevo y como hacíamos en el collado del altiplano del puntal del moco, los cuatro espartanos nos juntábamos para entrar juntos por esa línea de meta, no sin antes, advertir a mi muflón Xtrem, que me sacara de mi mochila “OXITIS”, mi bandera española, la cual en estas grandes ocasiones y gestas siempre me acompaña y quería que fuese participe de todo.
Fueron 1000 metros impresionantes. 1000 metros acojonantes, los cuales recapitularon toda la ruta, para dar por finalizado a esos 111.
Bueno, he dicho 111 no?, pues me vais a perdonar porque al final, nuestros GPS marcaron 113. Y no el mio en particular, ya que moría a las 17h30 de ruta aproximadamente y en todo lo alto del Castillo del Roldan.

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En este caso, esa última pauta e información privilegiada, era facilitada por el pedazo de “” que llevaba” de nuestro Andrés.
Así, poco a poco y ya viendo a lo lejos la recta de llegada, ( o lo que creíamos nosotros como tal), coincidíamos con nuestra compañera y amiga Laura, acompañada de su pareja, y a los cuales les deseábamos suerte para su entrada y nosotros nos preparábamos para hacerlo faltando los últimos 500 metros.
Y digo recta de llegada, porque a lo lejos y en grande de color rojo y con las letras de “SPAR!, se divisaba lo que creíamos que era el arco de meta.
Sabíamos, por conocedores de otras rutas, que en este caso, y pasado este arco, nos quedarían unos 250 metros para dar la última curva, y ahora si, encauzar esa más que ansiada y gloriosa meta.
Si al inicio de este Ultra, deparaba que justo en un momento del mismo te hacía sentir que te encontrabas en una etapa del toru de Francia, llegados a estas alturas y justo con una distancia de aproximadamente 200 metros, nos situábamos de nuevo en el argot ciclístico y en este caso, nos adentrábamos por pleno y auténtico Giro de Italia.
Ehhhh ,lo que yo os diga. Por doquier y por ambas bandas con un único carril de salida. La de estribor y que daba a la parte de atrás de la tribuna de la explanada, y la de babor flaqueando todos los comedores, donde a dextrsun y a nuestro paso, nada más que oíamos, chillidos, aplausos y vítores de la peña. MIL GRACIASSSSS mi Antoñico Cánovas, nuestra princesa Marina y mi Gran Mago Corcín, por esos ánimos en ese tramo en concreto.

Ahora si que llegábamos a esa última curva. Ahora si que sí, se terminaba este ultra, pero lo que me depararía nada más coger la última vertiente, me marcaría para el resto de mi vida.

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A lo lejos, ya pervisualice mi mirada y la vi a ella. Expléndida como siempre, y sabiendo, que antes que yo, había dado por finalizado este Ultra.
Tiesa como un mástil y con esa sonrisa, que solo a ella la caracteriza, mi cerillica, me espero a que, zancada a zancada, tramo a tramo y metro a metro, fuera restando angustias a tanto sufrimiento, y llegado ese momento, diera por finalizada a mi batalla.
Y lo hice, Dios sabe que lo hize. Pero lo mejor de todo?, que allí estaba, esperándome para abrazarme y decirle al oído lo que nos habíamos prometido “NENA, LO HEMOS CONSEGUIDO”.

3
Júbilo de emociones, no sin antes desplegar esa bandera de nuestra nación llamada España, y tanto mi Andrés por un lado, como yo por el otro, alzar la vista al frente y ver como ese crono, se paraba en 17h55 minutos.
Momento, que gracias a Dios, lo guardaré siempre conmigo, y podremos ver, siempre que quiera. Lo grabe con mi cámara, no solo ese momento sino todo el Ultra entero.
Este sentimiento y letras escritas, nada más que te las puede otorgar una competición de esta índole. Nada más que te las puede aportar, un sacrificio extremo, y que en este caso y su totalidad y durante cuatro meses, haya compartido junto a ella con entrenamientos y específicos.

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Abrazado a ella, solo yo sé lo que mi alma sentía.
Abrazado a ella, solo yo sé lo que se conseguía.
Entrar por esa línea de meta más que añorada
Y sentir que al sentirla, mucho más aún, la amaba.

Fueron eternos kilómetros sin su compañía,
Largas horas de desazón, tristeza y agonía,
la de no saber cómo en ruta se encontraba,
y peor aún si llegado el caso, no cruzo la meta.

Sin duda lo hizo a lo grande, y de que manera
Completando íntegramente todo el recorrido
No como yo en este caso y casi con 18 horas
Y si con un crono de 16h y 32 minutos.

Felicidades mi cerillica por lo conseguido
Estas hecha ya toda una ultrafondista
De lo que más orgulloso me he sentido
Ha sido de ver, que has completado tu primer ultra,
En la ciudad que te vio nacer, y que se llama Cartagena.

AGRADECIMIENTOS.
En especial a la organización de esta maravillosa ruta y ultra de las Fortalezas, por haber depositado en mi persona y en especial en nuestro establecimiento Kampamento Base, (con Nico Blanco al frente), de toda su confianza, gracias.
Esperamos seguir al frente y en esta batalla kilométrica muchos años, aportando por nuestra parte, todo aquello que os haga falta.
En este apartado tan importante no podía olvidarme de mencionar, a gente ( que a pesar de mis dolencias en plena ruta), han hecho que termine este Ultrafortalezas como es debido.
MANU CALERO: Mi hermano, mil gracias por toda tu dedicación hacia mi persona y la de mi mujer, durante estas 16 semanas de preparación, para que desde la primera hasta la ultima, todo, al detalle, estuviera planificado al dedillo.
LORENA LUJAN: Gracias princesa, por esa programación nutricional a ingerir, antes, durante y después de este más que titánico reto, que ha hecho que por primera vez sienta que no me desencajo por momentos, y mis músculos nos sufran de calambres.
Lo de mi otro hijo al cual debo alimentar, lo he tenido siempre presente, y se que eso es lo que me ha salvado de una muerte anunciada.

FOTOGRAFOS DE RUTA: Agradecer de pleno y de corazón, a todos estos maravillosos y grandes profesionales de la fotografía su entrega y paciencia, para esperarnos en cada punto en concreto, y con sus cámaras inmortalizar los momentos. GRACIAS de corazón a cada uno los cuales gracias a vuestros trabajos habeis hecho que pueda documentarme al respecto.

Gracias, Paco, Pablo Tudela, Trujillo y demás que en ruta nos fuímos encontrando.
Por lo demás, decir que y muy a pesar mio que; “COLORÍN COLORADO,ESTE PRIMER ULTRA SE HA TERMINADO”.
Agradecer a todos y cada uno de los compañeros, amigos, desconocidos y personas, que me encontraba durante todo el recorrido, tanto, antes, durante como a la finalización del ultra, ese cariño mostrado hacia mi persona y en especial a la de mi cerillica Alicia.
Me gustaría nombraros a todos, pero como comprenderéis me resulta imposible, por ello y en este apartado en concreto, quiero que os incluyáis , y por mi parte, sintaís que entre todos, nos estrechamos en un inmenso abrazo. GRACIAS
El año que viene como os decía, habrá más y mejor. Tenemos todo un año por delante para seguir trabajando, y preparar de nuevo estas dos pruebas como es debido, para llevarlas a cabo y finalizarlas con total garantía de éxito.

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Un bijain de abrazo y aún así, seguiremos en contacto durante todo este año, con nuevos artículos que consideremos interesantes, como a su vez, vídeos con entrenamientos, competiciones y sensaciones que llevemos a cabo.

VIDEO DE LA COMPETICIÓN CON SUS SENSACIONES EN PLENA RUTA:

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